Todo el mundo me dijo que Manchester tampoco era para tanto. La verdad es que tiene unos museos muy diferentes, pero tiene rincones chulísimos y es una ciudad muy viva. Si tuviera que quedarme con un momento vivido en Manchester me quedo con la cerveza que nos tomamos en Screenfields, una zona de césped enorme en mitad de la ciudad y rodeada de terrazas que estaba hasta arriba de gente y donde emitían películas al anochecer. Una especie de cine de verano guay donde las hamacas siempre están pilladas y se suele brindar con champagne a las cinco de la tarde (nada de hora del té).
Antes de coger el bus que nos llevaría de vuelta a Birmingham estuvimos casi una hora sentados en el suelo de una librería de antiguo hojeando libros y cómics. Al final nos trajimos un poco de todo para no perder la costumbre de adquirir un libro de cualquier parte del mundo e ir completando así nuestra biblioteca particular. Allí pudimos pagar en euros y luego el señor nos invitó a una pieza de fruta. Mientras terminaba de merendar mi plátano tomé esa última foto de Manchester frente al Rambo's antes de regresar a casa.




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