martes, 31 de enero de 2017

Una ojeada a enero

Empezar el año me pesa. Mucho tiene que ver enero y que mi subconsciente siga viéndolo como el mes oscuro y trágico cuyo fin siempre ando deseando. Tampoco me adapto al frío, voy acumulando sobre mí capas y capas para mantenerlo lejos y en un descuido el resfriado, ese dolor helado que se agarra tan al interior, me quiebra una semana. Aún así, pese a mi perenne rechazo al mes del dios Jano (Numa Pompilio, gracias siempre por imponernos el más estúpido de los doce que completan el año), voy a compilar lo bueno que también ha dejado.

Revolución. Quizás esa sea la palabra. Revolución de mil maneras: tenaz, silenciosa, enérgica, femenina.

- He leído:

En el trabajo sigo con Tagore en las barrancas de San Isidro de Victoria Ocampo, deliciosa narración del viaje que el poeta indio hizo en 1924 a Buenos Aires y contado por una de las mejores voces de la narrativa argentina. Hay fragmentos tan visuales que no dejo de volver a releer. No me importa que la lectura de un libro se alargue en el tiempo cuando es tan enriquecedora.

En casa el tiempo se me esfuma.

- He visto:

En el cine vimos Passengers o lo que es lo mismo, una comedia romántica que se desarrolla en el espacio y no en Central Park.

En casa Pulp Fiction. Tampoco me importó nunca no haber visto antes películas increíbles. A veces, simplemente, no había llegado el momento. Es genial. Me encanta disfrutar por primera vez de una película que se ha convertido, como ésta después de 25 años de su estreno, en un auténtico clásico. Inexplicables razonamientos los míos.

Queda pendiente La la land. Amor y odio de la mano alrededor de esta otra.

- He disfrutado:


Del sol, siempre que he podido. De mi familia. De mis amigas.
Nos hemos reunido las primas y hemos creado un planning de visitas que no sé si acabaremos cumpliendo, pero nos reímos mucho y eso cuenta.
He disfrutado, cada día, de nosotros.

- He cocinado:



Unas habicholillas con anchoas y vinagreta de mostaza que no sé de dónde saqué:

Las habicholillas se cuecen limpias y cortadas en juliana en una cacerola con abundante agua con sal durante 10 minutos. Las escurrimos y reservamos. En un bol, batimos vino blanco con la mostaza, aceite de oliva y vinagre. Añadimos el zumo de medio limón y una cebolleta fresca picada; mezclamos bien. Agregamos después sal, pimienta y una pizca de azúcar. Picamos por encima las anchoas y un huevo duro. Rociamos con la vinagreta de mostaza.

Estos garbanzos con guisantes y bacon que españolicé eliminando el yogur y añadiendo ajo picado al principio y un poco de pimentón de la vera al final.

(la foto la tomé durante el aperitivo de un sábado).

- Me he emocionado:

Sobre todo, con las protestas de la calle, con los movimientos que se produjeron el día después en tantos y tantos sitios en cualquier parte del mundo.

- Me he inspirado:


En los pósters de la revolución y en los eslóganes que se han coreado. Aquí pueden verse y descargarse muchos. Aquí, algunos más.

En Pulp Fiction y su espectacular banda sonora.

- He creado:

Suena ambicioso, pero ahí estoy, codeándome con las grandes creativas de la web. Inspirándome en todo lo anterior, hice un póster para colocar sobre nuestra cama... aún sin imprimir, pero estoy deseando hacerlo para mostrarlo en foto.


Lo que sí hice fue colgar ese otro eslógan, el famoso "War is over" de John Lennon & Yoko Ono. Conté la historia del verso en mi cuenta de instagram, pásate a conocerla si aún no la conoces. El póster puedes descargarlo en 100 idiomas diferentes en la página de Yoko Ono.

Por otro lado, familiarizándome con el tricot a dos agujas (lo del crochet es otra historia), tengo entre manos un cuello de lana ultra suave que estoy deseando acabar para estrenar.

- Estoy deseando:



Que llegue el buen tiempo, los días en los que patear Córdoba y perderse para descubrir más rincones ocultos. Esa es la entrada del Palacio de los Marqueses del Carpio, en la calle de San Fernando. Tomé la foto este sábado, el único día de Enero que pudimos salir a pasear por fin.

Ver el documental de Penélopes, guardianas de la memoria.

Empezar esta mantita de lana de Purl Soho, ahora que el invierno empieza a escurrirse de las manos..

lunes, 31 de octubre de 2016

Querido décimo mes


Disfrutando de estos últimos cálidos rayos de sol antes de que empiecen las lluvias y bajen las temperaturas descubro que a octubre tengo que agradecerle muchos momentos. 
Al piso aún le queda tiempo para estar a punto pero, por ejemplo, mi salón empieza a parecerse lentamente a aquello que quiero. Aquella habitación sombría de muebles grandes y oscuros y decorado todo en negro se ha transformado poco a poco en esa otra luminosa que me dibuja una sonrisa cada mañana. Qué necesario es conseguir un lugar en el que sentirse a gusto, tu lugar.
Tampoco me quejo del trabajo. Acabadas las clases, como bien suponía, he recuperado un control sobre mi tiempo que hacía años que no experimentaba. La foto del atardecer sobre Capuchinos la tomé, no obstante, de la única tarde que, hasta ahora (crucemos los dedos) tuve que ir a trabajar a la biblioteca.
Y sobre todo, a octubre, quiero agradecerle que nos haya devuelto una primavera suave como las que aquí nunca tenemos, lo que ha beneficiado que buena parte de las tardes de este mes haya podido pasarlas en la calle o en la terraza de casa bordando o merendando.

jueves, 6 de octubre de 2016

Un paseo por el campo

Maravillosa la colección dedicada a este otoño e invierno de la marca japonesa Samansa Mos2. Colores delicados en escala de grises y de tierra, añadiendo color sólo a través del berenjena y mostaza. Muchas fibras naturales, lana y líneas superpuestas. Presto especial atención a los complementos: los grandes tote-bag y cálidas bufandas que, he de reconocer, me encantan.

lunes, 3 de octubre de 2016

Estirando el tiempo


Alternando días en casa y en Córdoba, así podría resumirse el mes de septiembre. Con una de las calabazas del huerto hice alboronía la semana pasada. El sabor dulce del pisto andaluz no tiene parangón, más como lo hace mi madre que es también como lo hacía mi abuela. Ahora que todo son gastrotabernas, gastroexperiencias, cocina gourmet y fusión, recuperar todas esas auténticas recetas de cocina se me antoja similar a mantener a cobijo el recuerdo vivo de una tradición culinaria que no debería desaparecer ni convertirse en fósil, como he llegado a leer en algún artículo de aquellos que abogan por las nuevas corrientes en la cocina.
Feliz estos días, habiendo logrado mi título de francés, y libre, sabiendo que recupero el control de mis tardes, he puesto en marcha bordados y proyectos para mantenerme ocupada buena parte del año ya. Ahora que me veo superada por mis deseos de actividad y creatividad, las tardes comienzan a ser demasiado breves, será por ello que corro a bordar en la terraza de casa o a tomar el café, viendo llegar los atardeceres naranjas y cómo deslumbra la colección de crasas de mi madre (tan sólo un rincón aparece en la foto).
En el piso aún queda la puesta a punto de varios rincones -empiezo a obsesionarme con llenar el salón de flores y plantas- quizás porque sienta que es la única manera que tengo de verme rodeada un poco más de naturaleza. Es extraño, después de haber vivido quince años en casa, en el campo, regresar a la ciudad y vivir en una calle sin árboles. 
El día que se cumplía nuestro segundo mes de casados preparé un espectacular ramo de lisianthus blanco, brezo, flores de verbena rosa y ramas de eucalipto y esparraguera. Las flores duraron muchos días y el aroma, especialmente el de eucalipto, te daba la bienvenida siempre que entrabas a la estancia.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Llamas de colores


Cerca de que regrese el otoño, aunque con un verano perezoso que se resiste a marcharse, desempolvo los bordados empezados hace meses y que tuve que abandonar (motivos varios). Por fin, examen de francés, boda y viaje de novios superados todos, vuelvo a ponerlos en marcha.

Me inspiré en una foto de un cojín que vi en internet para dar color a este rebaño de llamas. Mi idea es, precisamente, hacer unas fundas nuevas a los cojines del sofá, por lo que ando buscando dos bordados más -igual de coloridos- que hagan juego con esas llamas esquemáticas.

La foto la tomé en la terraza de casa, bajo la maravillosa luz de finales de verano.

martes, 6 de septiembre de 2016

Maori Sakai

Las maravillosas ilustraciones de Maori Sakai que me recuerdan que, pese a la persistencia del calor, el verdadero septiembre está a la vuelta de la esquina.





miércoles, 17 de agosto de 2016

Gazpacho de melocotón

Deseando volver a casa tras el viaje para comer bien, dedicamos la primera semana a recuperar el gusto por los platos típicos: tortilla de patatas, salmorejo, ensaladillas, carne con tomate, etc. aunque he de reconocer que en los días siguientes ya he empezado a innovar. Siendo sinceros, pensé en este gazpacho para darle salida a unos melocotones. Siento decir que me encanta la fruta.. sobre todo en la frutería. Cuando compro me cuesta acabar con ella antes de que se ponga en mal estado así que he optado por intentar introducirla en los platos. 
Servido como primer plato, refrescante y acompañado de las virutas en las que acabaron convirtiéndose los restos de nuestro jamón ibérico (lógicamente mucho mejor que las virutas de jamón que venden en el supermercado), el gazpacho mantiene el aroma del melocotón, guarda un poco su textura y su sabor afrutado permanece al final como un recuerdo de verano.


1 kg. de tomates maduros | 1 melocotón | pan del día anterior | ½ cebolleta pequeña
2 dientes de ajo | sal | aceite de oliva | vinagre de vino blanco | agua fría

Quitar la piel y las semillas a los tomates. Pelar el melocotón. Trocear todo y añadir junto con el pan, la cebolleta picada y el ajo entero aplastado, a un bol. Agregar la sal, un chorreón de aceite de oliva y agua. Remover, tapar y dejar reposar hasta el día siguiente. Batir todo con la batidora, corregir de sal y agregar el vinagre al gusto.